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Reflexiones acerca del suicidio y la eutanasia

By Octubre 22, 2018Octubre 24th, 2018Sin categoría

“La vita e bella” (Roberto Benigni, 1997). A medida que envejezco, la vida me parece más bella, desde una cama de hospital puede ser bella si se atisba un naranjo en flor, si llega a visitarme una persona amiga o querida…y me expresa la complicidad y cariño que siempre hemos compartido.

Comenzaré con el suicidio. Cuando estudié Filosofía (U. Chile, a partir 1963) se suicidaron dos compañeros, Ian Mesa y otro de apellido Villaroel. Lo de Ian me impactó particularmente porque me sentía enamorada de él sin habérselo dicho nunca. Impacto significa asombro, quedarse de una pieza, detenida en el asombro. ¿Por qué lo hizo? ¿Cómo pudo hacerlo? Al parecer, los seres humanos tenemos un apego instintivo a la vida y cuando alguien se suicida traspasa un límite y nos deja perplejos.

A los veinte años tuve un fracaso amoroso muy doloroso y llegué a preparar un cóctel de medicamentos que por supuesto no tomé, por lo que conversamos el jueves a más de alguno de los presentes les pasó.

Mucho más adelante, en 1987, mi cuñado, Alejandro Cintolesi, se suicidó a los 48 años. Lo primero que evoco es mi suegra, Teresa, persona habitualmente reservada, llorando a mares. Mi marido, Vittorio, que quería mucho a su hermano, se dedicó a revisar la correspondencia de y con Alejandro, otros documentos escritos por él y escribió una biografía de su hermano. Por mucho tiempo dedicó muchas horas a la tarea. La biografía estaba fundamentalmente dedicada a sus tres hijos y a Eva su mujer pero a también a sus amigos, al público en general. Vittorio siempre había querido, admirado y cuidado a Alejandro, dos años menor que él.  Gran estudiante de medicina, varias veces campeón de esquí, muy comprometido políticamente. Escribir su vida fue su forma póstuma de cuidarlo.

De acuerdo a la tipología esbozada por Eduardo Fermandois el jueves, fue un “suicidio planificado”. Alejandro contrató un seguro de vida, que cubría la eventualidad del suicidio y lo hizo cuando se cumplió el plazo reglamentario para que su mujer e hijos beneficiaran de una buena pensión…Mi primera sensación, a pesar de que no éramos íntimos amigos, fue de rabia. Matarse era como darnos a todos un bofetón, dejarnos plantados. Después vino el intento de “comprender”, la empatía con su probable dolor insoportable. De hecho, Alejandro había intentado suicidarse algunas veces antes, desde la juventud, sus padres lo sabían, en una ocasión lo habían internado. Recordé que en 1984 viajé a Europa por trabajo y me sorprendió que Eva su mujer me fuese a buscar al aeropuerto de Barcelona y no él. También que en los intercambios estaba envuelto en un halo de distancia, de frialdad. Cuando alguien cercano se suicida, es interminable y reiterativa la búsqueda cuasi policial de los motivos y de las circunstancias y siempre quedan interrogantes y “tal vez si…”.

Algo importante. Alejandro tuvo 3 hijos varones. Se suicidó siendo ellos adolescentes, el menor tenía 11 años. Daniel, el mayor, que es padre de 3 hijas, me contó que pasaron varios años antes de que él y su mujer fuesen capaces de contarles cómo había muerto su abuelo…

Eduardo podría agregar a su tipología otra forma de suicidio: “el suicidio esperado,  que la familia  intenta evitar pero ocurre”. También alrededor de 1983, un amigo de Vittorio y mío por extensión, que vivía en Valdivia, se enfrentó a la depresión de uno de sus 6 hijos. En un viaje al sur, su esposa nos contó todo lo que hacían cotidianamente para protegerlo, la familia completa viajaba a Santiago para terapias de grupo, no lo dejaban nunca solo, se turnaban para acompañarlo etc. Sin embargo, el chico, debe haber tenido cerca de 16 años, logró saltar la valla familiar y lo hizo…

Una experiencia muy reciente y que todavía me conmueve, la rotularé “llamada muda de auxilio”. Para el 18 fuimos a un almuerzo campestre, éramos alrededor de  12-15 personas, y como es habitual se formaron distintos grupos de conversación. En el que estaba yo, tres cuatro mujeres, hablamos del voluntariado que yo hacía con pacientes terminales, de la muerte, de la eutanasia, del suicidio. Cada una planteaba su posición y de vez en cuando se ampliaba la conversación a todo el grupo de invitados y se debatía. En mi grupo, había una mujer de alrededor de 50 años, hija de una colega que había fallecido hace algunos años y con la cual habíamos tenido una amistad profesional por muchos años. La llamaré R.  Antes que ella llegara me habían contado que no estaba bien, que vivía una depresión muy grande, que su marido evitaba dejarla sola, que no estaba trabajando, que si él viajaba, la llevaba. Como hacía tiempo que no la veía, comencé con las preguntas habituales: ¿qué estás haciendo? ¿a qué te dedicas? Me contó que estaba trabajando, en investigación, en una universidad, muy satisfecha. (Ulteriormente, al repasar lo sucedido, me llama la atención ese disfraz de “normalidad” que intentó poner).  De pronto, nuestro grupo volvió al tema del suicidio. R mirándome directamente, comenzó a decir que no tenía una posición clara pero se preguntaba qué le podía pasar a los que quedaban, era tal la angustia en su mirada que sentí claramente que ella estaba diciendo, “estoy pensando en matarme, qué le pasará a mi hija, a mi compañero, podrán comprender”. Llegó la hora de irse. Su compañero dijo que él iba a manejar. Me alegré. Sentí deseos de abrazar a R, insistirle que era mejor que no manejara, que si bien yo no podía hacer nada, estaba con ella…Al final, salí a visitar la casa de una chica que vivía por los alrededores y cuando volvimos ellos, R, se habían ido…Me quedé con las ganas de abrazarla, de contenerla, de decir todas esas cosas inútiles, “la vida es bella”, “ya pasará”, “te queremos”, “!eres importante para nosotros!”…

Acerca de la eutanasia y de mi propia muerte

Lo dije en ese almuerzo y lo escribo especialmente para mis hijos. Si hubiese en Chile un referéndum, yo votaría a favor, pero no haría ninguna promoción de la eutanasia. Votaría a favor por solidaridad con los que la desean pero yo creo que la hora de mi muerte no me pertenece, como tampoco elegí el momento de nacer. Mi vida está en las manos de Dios. Mis padres eran católicos practicantes, fui bautizada dos días después de nacer, siempre estuve en colegios de monjas, tal vez eso me  marcó o mejor dicho cada día me conecto,   agradezco y elijo más las creencias de mis progenitores. Sin embargo, fui atea pura y dura de los 15 a los 30 años. Mi reconexión comenzó, con gran emoción, en una misa de exiliados en París y luego visitando iglesias románicas en l´Ile d´Oléron, en momentos en que no había nadie y se me dio la  oportunidad en ese ambiente dorado de experimentar la trascendencia… Ese proceso ha ido en aumento, y ahora en la vejez realmente siento que estoy en manos de Dios.

En lo profesional, estoy preparando, hace más de un año, con un equipo profesional (dos médicos, dos sociólogos, una trabajadora social) un proyecto de investigación, patrocinado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, cuyo objetivo final es promover la extensión de los cuidados paliativos y el alivio del dolor a las patologías no oncológicas. (Actualmente en Chile los pacientes con casi todos los cánceres benefician via AUGE GES de cuidados paliativos).

En lo personal, para enfrentar mi propio camino a la muerte, tengo un modelo, mi marido Vittorio Cintolesi. Murió poco después de cumplir 80 años. Tal como les conté el jueves, enfrentó su muerte con total entereza y realismo. Me dijo: “80 años es una edad para morir.  Yo he hecho lo que he querido, estoy satisfecho con mi vida”. Jamás se lamentó ni quejó. Conservó el humor hasta los últimos momentos. Tuve el privilegio de tener las condiciones para cuidarlo y acompañarlo desde que supimos que tenía cáncer y era terminal. Un día le dije:”¿Has visto una enfermera mejor que yo?“Y él me respondió : “Sí, Florence Nightingale…” Los amigos querían despedirse. Vittorio me decía: “Ahora vienen las visitas a los moribundos, tienen que ser cortas, no más de 10 minutos, porque me canso”. Pocos días antes de morir, sentado al borde de la cama, me dijo: “me quiero morir”, yo en parte en broma, porque no era muy religioso, le dije: “tienes que rezar” y él me respondió: “ya lo hice”…Alcanzamos a dejar resueltos los asuntos económicos, de cuentas corrientes, testamentos, incluso a preguntarle donde quería que fuese su misa de funeral y eligió la iglesia donde había sido el de sus padres en Vitacura. Sacarle el anillo de matrimonio, porque después sería muy difícil, a ponerle una camisa limpia blanca…

Yo pido no sufrir. Y que me traigan la Comunión lo más posible. Soy donante de órganos y para mí es una alegría que partes mías todavía buenas puedan ser útiles. Por lo tanto mis hijos deben conectarse con tiempo, con un hospital, de forma que apenas muera puedan sacar mis órganos. No sufrir. Si ven que estoy sufriendo mucho, que me den una sedación profunda y espere inconsciente el momento de mi muerte. Que pongan en mi pieza un poster grande de Vittorio, con su sonrisa llena de humor (era muy irónico y se reía mucho de mí). Que lo que quede de mi lo incineren y coloquen las cenizas en el jardín de nuestra casa de Chiloé, en un lugar que voy a dejar marcado este verano. Deben hacer un buen hoyo, colocar al fondo las cenizas y plantar un rododendro. Cuando le pregunten a mi nieta Blanquita, “¿dónde está la Nonna? Ella mostrará el cielo y también la planta. Esas son mis últimas voluntades.

 

Josefina Rossetti, 22 de octubre 2018

Join the discussion One Comment

  • Teresa Montero dijo:

    Josefina

    Soy Teresa, la mujer de Manolo, de Francia. Año 2000, volvimos de Francia con tres niños y nos conocimos en Santiago… fuimos a Chiloé.
    Acabo de leer tu publicación, sencilla, como son las cosas. Llegué a esta página porque en mi trabajo de arte estoy interesada en esta reflexión, entrando por la ausencia, la ausencia como prefiguración de la muerte.
    Me inscribí para participar de estas conversaciones, espero la próxima. Si tu quisieras conversar conmigo sería magnífico.
    Dejo mis datos si quieres escribirme, saludos y cariños

    Tere

    +56987331007

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